Hacia una España Mejor

jueves, mayo 02, 2013

Dejad que los niños se acerquen a mi

Hace unos días la inmensa mayoría de los medios de comunicación se hicieron eco del incidente ocurrido en la alicantina población de Monforte del Cid, motivado por la negativa del párroco a dar la comunión a una niña discapacitada, lo cual fue denunciado públicamente por los familiares de esta. Según cuenta la madre de la niña, el cura la trató “con prepotencia” y le dijo que no la llevara a los cursillos de catecismo “porque no iba a entender nada”. Cuenta la madre que le replicó al cura que a los niños recién nacidos no tenía sentido bautizarlos porque no comprenden nada a lo que el sacerdote le respondió que “ese era otro tipo de sacramento”. Este lamentable suceso se difundió por casi toda la provincia y un grupo de vecinos puso en marcha una recogida de firmas contra la negativa del párroco que ha tenido amplio eco en muchas poblaciones de la provincia. Ante la polémica desatada el Obispado se apresuró a declarar públicamente que todo había sido un “malentendido” y que nunca se había dicho lo contrario ni se le había negado tal posibilidad a la menor. Uno, que es muy curioso, como es mi caso y todo lo guarda, piensa que desde el Obispado se ha podido conculcar el octavo mandamiento ese que dice: “No levantarás falso testimonio, ni mentirás” y lo pienso porque hay antecedentes de hechos similares y por ello citaré alguno de ellos y en primer lugar haré referencia a la noticia que aparecía el 8 de diciembre de 2007 en un periódico en la que se decía lo siguiente: “El cura de Vegamuiños en O Barco (Ourense) niega la Primera Comunión a un niño con síndrome de Down”. “Los padres aseguran que les dijo que su hijo “desentonaba”. El 21 de julio de 2004 el presidente de la Confederación de Organizaciones a favor de las Personas con Discapacidad Intelectual (FEAPS) se dirigió por carta a Rouco Varela en la que le expresaba su estupor por la noticia aparecida en el diario El Mundo en la que se decía que un cura de El Escorial se negaba a dar la Primera Comunión a un niño con espina bífida por considerar, el cura, que “no es consciente de lo que hace y por lo tanto de qué serviría hacerlo”. Deberían haberle dado la misma respuesta que la madre de Monforte en lo referente al bautizo de un bebé. Dos de mayo de 2008, un diario digital informa de que se le impidió el acceso a la catedral de Almería a un grupo de doce chavales que padecen el síndrome de Down. Una persona no identificada alegó ante los monitores que estos chicos “ni sienten, ni padecen ni entienden”. Al parecer la entrada en la casa de Dios solo se les permite a aquellos cuya capacidad intelectual está por encima de lo normal, ignorando que son muchísimos los que sufren esta enfermedad y se comunican perfectamente y comprenden y se comportan mucho mejor que esos “superdotados” que sí pueden entrar en la casa de Dios. Ya rizando el rizo y yendo más allá de lo increíble, hay que leer una noticia que se daba el cuatro de febrero de 2010 y que no tiene desperdicio: Un cura, párroco de Coruxo (Pontevedra), se negó a bautizar a un niño porque su madrina estaba casa por lo civil. Pero lo más tremendo es orile decir a un arzobispo mexicano que “es más grave que una mujer aborte que el que un sacerdote abuse de un niño”. Ante todo esto he recordado aquello que cuenta el Evangelio según San Mateo, en el que se dice que estando rodeado Jesús por una multitud de niños que se mostraban un tanto revoltosos, los discípulos de Jesús intentaron alejarlos para que dejaran en paz a su Maestro, pero este les dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis, de los que son como ellos es el reino de Dios. Os lo aseguro, el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él”. En parte alguna, nunca, he leído el que Dios o Jesús cuestionaran a algún niño por la circunstancia que fuere, pero de poco parece ser que este ejemplo les haya servido a los que dicen haber estudiado los textos sagrados. No hay más leer lo que antes he escrito para darse cuenta de ello. Si se les niega a los niños, a los que sea, la entrada en la casa de Dios ocurre lo que está sucediendo que cada vez hay menos gente en las misas, menos bautizos, menos primeras comuniones, más bodas por lo civil que por la Iglesia y más apóstatas. Se dice que los caminos del Señor son inescrutables, pero si la actual Iglesia Católica sigue comportándose como lo hace, esos caminos serán intransitables o no llevarán a parte alguna.